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Una historia de la perfumería
De un siglo al otro
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A partir de 1974, fecha del primer
gran conflicto petrolero, occidente sufre una grave crisis económica,
política, social y moral: el aumento del paro y la precariedad
se instalan tanto en Europa como en Estados Unidos. La separación
Este-Oeste desaparece con la caída del muro de Berlín
y con él la ideología marxista. La violencia crece
y la aparición del SIDA refuerza el pesimismo que se respira.
Los dos últimos decenios del siglo XX marcan el surgimiento
de una sociedad diferente, en búsqueda de una nueva espiritualidad,
que se refleja en el buen funcionamiento de las sectas, y también
de nuevos ideales: lucha por defender los derechos Humanos, en favor
de la ayuda humanitaria, contra el racismo, contra la exclusión
y por la protección del planeta con los movimientos ecologistas.
La moda no escapa a esta corriente. Nuevos creadores se inspiran
en los gustos de la calle para aplicarlos a la alta costura y al
prêt-à-porter: conciben toda clase de líneas
y multiplican los estilos de ropa posible.
Es el reino de la diferenciación y del "look":
el de Claude Montana, agresivo con sus cueros negros, de Thierry
Mugler con modelos que provocan a la elegancia hollywoodiense y
de Jean-Paul Gaultier en cuyos desfiles utiliza los accesorios hasta
llegar a puntos extremos. Algunas tendencias suscitan fuertes reacciones
como la primera colección de Rei Kamakuto Comme
des Garçons (Como Chicos) presentada en París
en 1981 y que se percibió como la apología de la pobreza
debido a la simplicidad y a la rusticidad de las materias que empleó.
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Esta forma de agresividad también se plasma
en perfumería con Giorgio de
Beverly Hills, el perfume de las estrellas lanzado en Estados Unidos
en 1988, Poison de Christian Dior,
Obsession de Calvin Klein, Joop
Nuit d'Eté de Joop,...
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Otras novedades
menos provocadoras marcan estos años: Armani
pour Homme de Armani, Xeryus de
Givenchy, Balahé de Léonard,
Diva de Ungaro, Paris
de Yves Saint Laurent...
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Frente a un futuro incierto,
la sociedad se refugia en lo irracional, en lo misterioso -la astrología,
la parapsicología, el esoterismo y el fenómeno OVNI
tienen importantes ingresos - y en un cierto hedonismo, reivindicación
del placer y de todos los sentidos.
En contrapartida, el resurgir de los movimientos ecologistas, el
éxito de las medicinas no tradicionales indica una aspiración
a lo natural, a la suavidad que los perfumistas transcriben por
medio de notas frescas, marinas, expresando esta tendencia a la
"limpieza" ya presente en los productos para lavar la
ropa. Cool Watter de Davidoff,
Eternity for Men, Escape
de Calvin Klein, Kenzo pour Homme de
Kenzo, L'Eau d'Issey por Issey
Miyaké, Acqua di Giogio
de Giorgio Armani, Cabotine de
Grès, L'Eau Parfumée
de Bulgari,... son los intérpretes de esta tendencia.
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Los frascos retoman este concepto adoptando formas
muy depuradas parecidas al cubo, al cilindro o a la pirámide.
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La cultura de masa, que uniformiza siendo el reflejo
de la estandarización industrial, da lugar a una individualización
de las prácticas sociales caracterizada por la todo poderosa
cultura audiovisual, la vuelta al hogar, a sí mismo: Chanel
saca su perfume masculino Egoïste
en 1988.
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En los años 90, el fenómeno general
de mundialización alcanza la perfumería: diez grupos,
representando ochenta marcas, ocupan el 60% del mercado mundial
de las ventas de perfumes. Gracias a métodos tanto la industria
de la perfumería como la de los aromas pueden reproducir
desde lo económicamente olfativo hasta las fragancias más
raras. Los olores golosos hacen su aparición: Angel
de Thierry Mugler, Le Mâle de
Jean-Paul Gaultier, Opium pour Homme de
Yves Saint Laurent,...
Al igual que la televisión que multiplica sus programas
gracias a los satélites, el "zapping" se desarrolla
en el ámbito del consumo. Hay una proliferación de
estilos de vestir, musicales y lingüísticos y una proliferación
de creaciones perfumadas cuyo destino es a menudo tan efímero
como las modas que los han inspirado. Se instala una gran diversidad
olfativa sin que haya una verdadera tendencia dominante; casi todos
los perfumes vienen acompañados por una línea de baño
y de cuidados corporales;
el bebé, el niño y [lien vers - A4k parfums enfants]
el adolescente se convierten en el objetivo de importantes apuestas
de marketing.
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Marcando su pertenencia a un grupo, a una "tribu",
los jóvenes adoptan un estilo a menudo unisex, como el "eau
de toilette" CK One de Calvin
Klein.
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Para colmar
los deseos de las distintas facetas de nuestra personalidad, las
fragancias se multiplican abriéndonos las puertas de un jardín
extraordinario donde las flores, las frutas y las especias toman
parte: son Les Belles de Nina Ricci,
Herba Fresca Acqua Allegoria de
Guerlain, Boss de Hugo Boss, Live
Jazz de Yves Saint Laurent...
Mientras Romance de Ralph Lauren,
Azzura de Azzaro, Baby
Doll de Yves Saint Laurent, Yohji
Homme de Yohji Yamamoto responden a nuestros deseos de exotismo
y de naturaleza.
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Para la verdadera
mujer de hoy en día, a la vez espontánea, imprevisible,
carnal y apasionada, Christian Dior lanza J'Adore.
Lacoste for Women, primer perfume
femenino de Lacoste, es el de la mujer deportista y femenina. Con
su "jugo" salpicado de oro, Fragile
de Jean-Paul Gaultier se dirige a las mujeres femeninas y modernas,
no tan frágiles, mientras que Gucci
Rush de Gucci despierta el ángel-demonio oculto en
cada una de nosotras... En cuanto a la mujer del año 2000,
lleva Ultraviolet de Paco Rabanne,
un rayo de energía y de sensualidad en un frasco vanguardista,
siendo el violeta el color del nuevo milenio.
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Las líneas masculinas son claramente futuristas.
Siendo Givenchy el precursor de la generación 2000 proponiendo
en la línea Pi un champú
Espacial "cuerpo y cabello" liofilizado. En un frasco
en forma de i griega, hecho para la mano del hombre, Nemo
de Cacharel ofrece una visión del futuro y responde
a las preguntas existenciales del hombre de hoy en día.
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En el siglo
XXI, mientras los investigadores se empeñan en comprender
los mecanismos de la percepción olfativa en el Hombre e intentan
crear "narices" artificiales, aparecen tres grandes tendencias.
Vuelta de los perfumes sofisticados, a la vez originales y audaces,
aunque caracterizados por un cierto clasicismo, vestidos con lujosos
frascos como Indécence de
Givenchy, Patou for Ever de Patou,
Splendor de Elisabeth Arden, Birmane
de Van Cleef & Arpels...
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Éxito de los perfumes para dos, ofreciendo
una versión mujer y una versión hombre: Yin
et Yang, de Jacques Fath, para la paz y la serenidad; Les
Coeurs de Chamade por Guerlain, en dos frascos míticos
en forma de corazón para que éste pueda latir a dúo...
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Desarrollo de la aromacología y de los
perfumes exaltando positivismo, calmando, dinamizando, tonificando
el cuerpo y el espíritu, manteniendo a la par el poder de
seducción: Green Tea de
Elisabeth Arden, Aromatic Tonic
de Lancôme, Energizing Fragrance
de Shisheido...
Hoy más que nunca, el perfume constituye una industria de
lujo que no escapa a las presiones económicas pero que guarda
intacto un poder mágico: la llamada a lo imaginario, la invitación
a viajar y a soñar. De una orilla a la otra, se ha adaptado
a lo largo del siglo XX a las culturas, a las tradiciones, a los
modos olfativos de cada continente, transmitiendo la imagen de un
patrimonio típicamente francés y al indiscutible "savoir-faire"
en el mundo entero.
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Perfumes niños
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Deseos de exotismo y de naturaleza...
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